Cómo trabajamos
Antes de la Guerra Civil, la Font de la Guatlla también creció por la Gran Vía. Se instalaron una fábrica de chocolate y dos de luces y bombillas (Lámparas Z, en la calle de Mèxic, y Trèbol). El trapero enriquecido Pau Forns levantó seis bloques de pisos entre los números 272 y 282 de la Gran Vía, que todavía se conocen como las Cases del Drapaire (casas del trapero). Después de la guerra, el ambiente rural del barrio se fue diluyendo. En 1949, la parroquia de Santa Dorotea se erigió sobre un antiguo campo de trigo. Al mismo tiempo, personajes como el requesonero, el peletero, el vendedor de calcetines o el piñonero, que vendía cinco céntimos de piñones a los niños mientras les contaba un cuento, fueron desapareciendo. Por otra parte, las nueve calles que se hicieron subiendo hacia Montjuïc se bautizaron con nombres de flores: Dàlia, Gessamí, Crisantem... De un barrio tan retirado y pequeño sorprende la tradición asociativa. En 1889 se creó la primera entidad de esparcimiento, Els Hereus, en la calle de Sant Fructuós. Y un año después, El Recreo, al lado de un hostal que había en la calle de Amposta. En 1910 se fundó el coro La Nova Lira d’Hostafrancs, también en la calle de Sant Fructuós. Dos años más tarde nació otra entidad más, Panxeta, en la calle del Rabí Rubèn. Buena parte de esta actividad la generaban los obreros de las dos grandes fábricas que se instalaron en el barrio siguiendo el ejemplo de la de gas de Emili Clausoles, situada en la Gran Vía. La elección de un equipo de profesionales es fundamental para lograr resultados excepcionales. Con un enfoque centrado en la atención al cliente y la calidad del trabajo, garantizamos que cada etapa del proceso de alisado se maneje con precisión. Nuestra experiencia y compromiso nos diferencian en el mercado, haciendo que la elección sea más sencilla para quienes buscan servicio y acabados de calidad en la Font de la Guatlla.
