Cómo trabajamos
El primer paso es diagnóstico del soporte. Si la pintura existente está bien adherida, la cubrimos. Si está descascarillada, la retiramos completamente con espátula y lijadora, dejando el soporte limpio. Si hay grietas estructurales (no superficiales), las tratamos con masilla elástica que acompaña los pequeños movimientos del edificio sin volver a agrietarse. Si hay manchas de salitre o eflorescencias blancas, las desincrustamos con producto químico específico y neutralizamos antes de pintar. El tercer paso es la aplicación de pintura final. Para fachadas grandes usamos pistolas airless que dan acabado uniforme rápido. Para terrazas y zonas de detalle, rodillo de buena calidad. Aplicamos siempre dos manos cruzadas (la primera vertical, la segunda horizontal) para asegurar cobertura uniforme sin marcas. El segundo paso es la imprimación. Aplicamos imprimación selladora específica que penetra en el soporte y crea base uniforme de adherencia para la pintura final. Sin imprimación correcta, la pintura final puede no agarrar bien al soporte y descascarillarse pronto. Es el paso que más se salta en repintados rápidos pero el que más impacta en durabilidad.
